De nuevo por tierras llanas: más, imposible. Hemos estado
por Amsterdam y alrededores.
De entrada, buen aeropuerto, bien organizado y muy bien
comunicado por tren. Los transportes urbanos también son muy eficaces; yo me
moví a base de tranvías, y hay muchas líneas y muy frecuentes. El ticket de 24
horas cuesta 7,5 €, aunque también hay billete sencillo (2,70 €) y diversos
abonos.
Oudezijg Achterburgwal, Barrio rojo |
El idioma es absolutamente intratable; aunque está
relacionado con el alemán, no se le parece casi en nada. Por suerte, todo el
mundo habla inglés, y la mayoría de rótulos, cartas de restaurantes etc. están
es esta lengua.
Fachadas en el Damrak |
Hay algo malo: el clima. Los lugareños dicen en una
resignada broma que gozan de diez días de sol al año (parece ser que el
promedio real es de unos 60); en todo caso yo tuve la suerte de gozar de uno y
medio. De todas formas a ellos no les arredra la lluvia; las calles están
llenas de paseantes a pie o en bici, con niños pequeños y en muchos casos sin
paraguas ni impermeables. La verdad es que incluso yo me terminé por
acostumbrar.
Magere Brug |
En cualquier caso, Amsterdam cuenta con un centro histórico
de apenas 2 Km.
de diámetro, por lo que puede patearse bien. De hecho, estos tranquilos paseos
por las orillas de los canales disfrutando de las primorosas -y estrechas-
fachadas son probablemente unas de las opciones más gratificantes de esta bella
ciudad.
Oudekerk |
Otra opción es alquilar una bicicleta, de las tocan casi a una
y media por habitante. También se puede hacer un tour en cualquiera de las
muchas embarcaciones que surcan los canales. Yo no soy muy partidario porque me
gusta decidir mi ritmo, pero tiene su encanto (y se descansa)
Casa de Gustav Leonhardt |
En realidad Amsterdam no es especialmente rica en
monumentos, al estilo de Viena, Londres, París o Múnich; puede que sea porque
la riqueza que se generó en la ciudad (y en el país) en el siglo XVII se
distribuyera en una extensa burguesía acomodada y no se centrara exclusivamente
en manos de la aristocracia, la nobleza o la iglesia. Pero en cualquier caso
Amsterdam (literalmente, el dique del Amstel) es una bella ciudad, agradable,
acogedora y animada.
José Ángel junto a "Los Girasoles" |
Ya conocía por referencias los coffeeshops (donde es legal
el consumo y compra de drogas blandas) y el barrio rojo (Rosse Buurt) con sus prostitutas
exhibiéndose en escaparates, los sex shop, salas porno, etc., pero lo que me
llamó la atención es que todo esto no se encuentre en un barrio periférico y a
altas horas de la madrugada, sino en pleno meollo, entre el Dam, la catedral
vieja y la plaza Niewemarkt, y funcionando a cualquier hora.
Barrio Rojo. Catedral Vieja. |
Elegante escaparate de un sex-shop |
Pero la verdad es que no hay ninguna sensación de
inseguridad. Estos locales se alternan con todo tipo de comercios y
restaurantes, y los transeúntes son turistas y residentes de todo tipo y edad.
Ronda de noche. Rembrandt |
Dos visitas imprescindibles son el Rijksmuseum y el Van Gogh
Museum. El primero alberga obras significativas de casi todos los grandes
maestros holandeses de los siglos XV al XVII: Geertgen tot Sint Jans, Lucas van
Leyden, Hendrick Goltzius, Frans Hals, Jan Vermeer, Ferdinand Bol, Nicolaes
Maes, Guerrit Dou, Jacob Ruysdael, y un repertorio generoso del maestro
Rembrandt van Rijn. También hay obras de autores de otros países y épocas, así
como dibujos, grabados, porcelanas, muebles, etc.
Isabel junto al "Dormitorio en Arlés" |
En el Van Gogh Museum se encuentran más de 200 pinturas del
autor, así como unos 400 dibujos. Entre las obras principales expuestas se encuentran
“Los comedores de patatas”, “La recámara de Arlés” y una versión de “Los
girasoles”. Además, el museo tiene la custodia de la mayoría de las cartas del pintor.
La colección alberga también obras de otros pintores, como Gauguin, Seurat,
Toulouse-Lautrec, Manet, Millet, Monet, etc.
Mujer leyendo una carta. Vermeer |
A la entrada tuvimos que sufrir una larga cola bajo la
lluvia, mientras contemplábamos cómo se colaban los que llevaban el ticket
adquirido online, así que tenedlo en cuenta.
Otra cosa: en ambos museos dejan hacer fotos, por supuesto
sin flash, y con sólo alguna excepción.
Tulipanes en Keukenhof |
En cuanto a los alrededores, hay dos excursiones tópicas
que, a pesar de la enorme acumulación de turistas, vale la pena realizar. La
primera al parque Keukenhof (jardín de la cocina) con sus 32 Ha. de extensión y sus 7
millones de bulbos plantados a mano uno a uno cada año.
Molino para drenaje |
Tulipanes, jacintos, narcisos, orquídeas, rosas, claveles,
lirios, azucenas y muchas otras flores repartidas por los jardines y los cuatro
pabellones componen un maravilloso espectáculo. Eso sí, solo está disponible de
marzo a mayo. Nosotros de hecho no pudimos disfrutar del esplendor de los
campos de cultivo adyacentes, auténticas alfombras kilométricas que estaban ya
bastante ralas.
Isabel. Casitas típicas de Marken |
La otra excursión nos lleva a dos pueblecitos antaño
pesqueros y expuestos a los caprichos del mar del norte, y que ahora son
turísticos y bañados por una apacible laguna de agua dulce gracias al dique Houtribdijk,
que es en realidad una presa, al estar las aguas a distinto nivel a ambos
lados.
Veleros entre Marken y Volendam |
Por cierto, durante el viaje os recomiendo que observéis un
fenómeno curioso, como es ver el agua de los numerosos canales a cuatro
metros por encima de la superficie del
suelo. La mitad aproximadamente de la superficie de los Países Bajos se
encuentra por debajo del nivel del mar, en terrenos ganados a lagos y marismas
(los llamados “polders”).
Molinos de Zaanse Schans |
Personajes de época en el Begijnhof |
Una broma local dice que Dios hizo el mundo, y los
holandeses Holanda. Parece que llevan bastante razón…